
Insomne.
Travis ingresa a la oscuridad de la sala cinematográfica.
En la oscuridad de la sala cinematográfica, esa nocturnidad.
Y sueña.
Despierto, sueña.
Sueña el sueño que viven, despiertas, las figuras en la pantalla.
El sueño del sexo, la orgia, ese caos de cuerpos y formas.
(Esos sonidos también)
Esos fantasmas, esas sombras.
Que viven en la pantalla.
Gimiendo, gozando, cogiendo. Simuladamente.
.
Y Travis apunta, y dispara
y apunta y dispara
Y dispara.
.
Pero los fantasmas en la pantalla no se detienen.
Ni se detienen, ni yacen ni desfallecen. Ni sangran. Ni mueren.
Ininterrumpidamente, el espectáculo continua.
Imperturbable.
¿Acaso no presienten el peligro, el presagio de la muerte?
¿Cómo serán la vida y la muerte (y el sexo) de aquel lado de la pantalla?
Ese otro lado.
.
Y Travis apunta y dispara
y apunta y dispara
Y dispara.
.
En la sala cinematográfica.
En la oscuridad.
En el sueño.